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LA IMPORTANCIA DEL SUELO EN EDUCACIÓN INFANTIL

Estar en el suelo durante los primeros tres años de vida es clave para el desarrollo motor, cognitivo y emocional del niño. Esta etapa sienta las bases del aprendizaje futuro y no debe ser apresurada ni sustituida por dispositivos o mobiliario restrictivo.

El suelo: el primer gimnasio para el desarrollo humano

Durante los primeros tres años de vida, el cuerpo y el cerebro del niño experimentan un crecimiento vertiginoso. En este periodo, el suelo se convierte en el escenario ideal para que los bebés exploren, descubran y conquisten sus primeros logros motores: levantar la cabeza, girar, reptar, gatear, sentarse, ponerse de pie y caminar. Cada uno de estos hitos no solo implica un avance físico, sino también una maduración neurológica y emocional.

Esta afirmación cobra aún más sentido cuando entendemos que el movimiento libre en el suelo permite al bebé desarrollar el control postural, la coordinación, el equilibrio y la conciencia corporal. Además, fomenta la autonomía, la curiosidad y la confianza en sí mismo.

Existen muchos estudios que dicen que el movimiento es absolutamente necesario para el desarrollo cerebral y tiene prioridad dentro de la estimulación temprana en el primer año de vida, esto significa que cada experiencia motora que el niño vive en el suelo contribuye directamente a la formación de conexiones neuronales fundamentales para el aprendizaje posterior.

El suelo debe ser el principal medio en el que los bebés interactúen, ya que es fundamental para el desarrollo de las redes neuronales cerebrales durante los dos primeros años de vida. El juego libre en el suelo no solo estimula el cuerpo, sino también la mente, al permitir que el niño explore su entorno, resuelva pequeños desafíos y se relacione con los demás.

En un mundo donde las prisas y la sobreestimulación tecnológica amenazan con acortar o eliminar esta etapa, es vital reivindicar el valor del suelo como espacio educativo. No se trata de adelantar etapas, sino de respetar los tiempos del desarrollo natural del niño. Saltarse fases como el gateo puede tener consecuencias en la organización neurológica y en habilidades futuras como la lectoescritura o la lateralidad. Se puede trabajar y gatear en edades mas avanzadas como una manera de desplazarse o juegos de imitación pues es importante no perder esta actividad para las conexiones cerebrales.

Por ello, tanto en casa como en la escuela, es esencial ofrecer espacios seguros, amplios y estimulantes donde los niños puedan moverse libremente. Acompañar sin intervenir en exceso, observar sin dirigir, y confiar en las posibilidades de los niños son claves para un desarrollo armónico.

En definitiva, permitir que los niños estén en el suelo no es solo una cuestión de comodidad o juego: es una inversión en su desarrollo integral, en su salud física y mental, y en su capacidad de aprender y adaptarse al mundo.

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