Hace unos días, nuestros peques de 1-2 años se convirtieron en auténticos artistas del Ártico.
Preparamos un taller sensorial metiendo pintura de tonos invernales dentro de bolsas de congelados, y… ¡la magia comenzó al tocarlas!
Entre deditos curiosos, risas y muchas caras de sorpresa, los colores mezclaron como una pequeña aurora boreal hecha a base de palmaditas y algún que otro pisotón.
Y lo mejor: obras de arte preciosas, manos limpias y bolsas que han sobrevivido al entusiasmo y que ahora decoran nuestras clases.












