En el mundo acelerado de la tecnologĂa, dos tĂ©rminos se han vuelto cada vez más relevantes: la obsolescencia programada y la alargascencia. La obsolescencia programada se refiere a la práctica de diseñar productos con una vida Ăştil limitada intencionalmente, para que dejen de funcionar despuĂ©s de cierto tiempo o se vuelvan obsoletos. Esto impulsa a los consumidores a comprar nuevos productos, generando asĂ un ciclo continuo de consumo.
Por otro lado, la alargascencia es un concepto emergente que aboga por la durabilidad y reparabilidad de los productos. Esta idea promueve la creaciĂłn de tecnologĂa que no solo sea robusta, sino que tambiĂ©n pueda actualizarse o repararse fácilmente, extendiendo su vida Ăştil y reduciendo el desperdicio.
La obsolescencia programada no es un fenómeno nuevo. Desde las bombillas que duran menos horas hasta los teléfonos móviles que ralentizan con cada actualización de software, los ejemplos abundan. Sin embargo, esta práctica está siendo cada vez más cuestionada por su impacto ambiental y económico. La generación de residuos electrónicos y la explotación de recursos naturales son solo algunas de las consecuencias negativas.
En contraste, la alargascencia busca fomentar una cultura de consumo responsable y sostenible. Al optar por productos diseñados para durar más y ser más fáciles de reparar, no solo estamos cuidando nuestro bolsillo, sino también el planeta. Es una invitación a reflexionar sobre nuestro papel como consumidores y a elegir con conciencia.
Como comunidad educativa, tenemos la responsabilidad de enseñar y practicar la alargascencia. Podemos empezar por pequeñas acciones como reparar en lugar de reemplazar, elegir marcas que ofrezcan garantĂas extendidas y soporte tĂ©cnico, y educar a nuestros estudiantes sobre el impacto de sus decisiones de compra.
Los estudiantes de TecnologĂa y digitalizaciĂłn de 2ÂşESO han investigado y reflexionado sobre la alargascencia y la obsolescencia programada en la tecnologĂa moderna. A travĂ©s de actividades prácticas y análisis crĂtico, han comprendido cĂłmo estas prácticas influyen en los consumidores y el medio ambiente. Han creado proyectos o campañas para fomentar un consumo más consciente y sostenible, presentando sus propuestas a sus compañeros, debatiendo viabilidad e impacto. Por ejemplo, han propuesto a sus compañeros desde proyectos de ley para las empresas, robots que purifiquen y reutilicen agua, aire y chatarra, subvenciones para promover la economĂa de mercado de segunda mano, hasta pendrives que permitan adaptar los software actuales a dispositivos antiguos. Más utĂłpicos o menos, todos han trabajado la concienciaciĂłn con su futuro.
Finalmente, han llegando a la conclusión que es necesario: Informarnos: Conocer los términos y sus implicaciones es el primer paso para tomar decisiones conscientes. Elegir sabiamente: Optar por productos con mayor durabilidad y opciones de reparación. Educar: Compartir este conocimiento con los demás, especialmente con las generaciones más jóvenes.
La tecnologĂa actual nos ofrece infinitas posibilidades, pero tambiĂ©n nos plantea desafĂos Ă©ticos y ambientales. La obsolescencia y la alargascencia son dos caras de la misma moneda, y es crucial que como sociedad tomemos decisiones informadas para inclinar la balanza hacia un futuro más sostenible.
La tecnologĂa debe ser nuestra aliada, no una carga para el medio ambiente. Es hora de repensar la obsolescencia y abrazar la alargascencia.








