#GSD&Tú Giving Week

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Una ocasión para EDUCACIÓN con mayúsculas, la que forma ciudadanos responsables, que contribuyen, ya en el presente, a hacer una sociedad más justa y solidaria.

Nuestras Fiestas de la Primavera son un punto de encuentro entre las familias, los alumnos y los trabajadores de los distintos centros GSD donde las actividades, celebraciones, talleres y, sobre todo, la solidaridad, son los perfectos ingredientes para su éxito. Aunque no haya podido celebrarse este año, hemos querido mantener su esencia en la GSD&Tú Giving Week.
En la semana del 24 al 28 de mayo se celebró la GSD&Tú Giving Week en los Colegios GSD. Durante toda la semana se realizaron actividades educativas relacionadas con la solidaridad, sin olvidarnos de las tradicionales camisetas con las que los alumnos y profesores acudieron a clase el viernes día 28.

Hemos compartido esta jornada solidaria en los colegios de GSD Guadarrama y GSD El Escorial, allí hemos podido comprobar cómo la educación en valores se convierte en una verdadera fiesta. Como nos recordaban en ambos centros, esta celebración ha tenido la doble motivación de romper la rutina de un curso tan especial y, a la vez, educar en valores y solidaridad.
Los preparativos comenzaron días atrás, con carteles, muros de los deseos, cartas escritas por los niños a sus compañeros de GSD École Internationale au Cameroun o coreografías, que culminaron el viernes 28, en el que las camisetas solidarias formaron parte del uniforme GSD.

Como nos recordaba Marta Santos, jefa de Estudios de Primaria de GSD Guadarrama, “Los alumnos de GSD necesitarán tener la mente abierta a un mundo globalizado, esto implica conocer las diferentes realidades. Somos conscientes de que estamos ayudando a crecer a personas”.
En GSD El Escorial asistimos a un interesante debate sobre un vídeo de ACNUR, con un leitmotiv: en un mundo en el que la indiferencia ante situaciones intolerables está normalizada, para querer cambiar el mundo hay que estar loco. Los alumnos de Secundaria reflexionaban en ese sentido sobre la necesidad de que no nos resignemos.

En el jardín pedagógico del GSD El Escorial, los más pequeños, junto a su profesora, leían un cuento en el que, con palabras sencillas y emotivas, se trasldaban a un mundo imaginario formado por puntos. En unos puntos los niños tenían todo lo necesario para vivir y en otros puntos no tenían nada. Los alumnos, por sí mismos, llegaban a la conclusión de que la solución para los problemas que se plantean en el libro es compartir.

Incluso en clase de música se ponían en la piel de músicos refugiados, como Béla Bártok o Ara Malikian, a través de sus obras, buscando en su interior los sentimientos que les provocaba el lenguaje universal que es la música.
Si hay algo de lo que se habla estos días en los colegios es de la empatía. Se habla y se practica. Todas las actividades que encontramos en los colegios, en mayor o menor medida, y adaptadas a las edades de los alumnos, están orientadas a que todos comprendan las situaciones que viven los refugiados u otras personas en situaciones de extrema necesidad.

El ejemplo más claro lo encontramos en un grupo de alumnos de Primaria de GSD El Escorial, que habían inventado dos países: Tilví, un país rico, en el que las personas tienen todo lo que necesitan, y Pombú, un país pobre, en el que sus ciudadanos vivían con muchas carencias. Cuando les encontramos, en pleno trabajo, nos enseñaron las descripciones y los dbujos que habían hecho de esos dos países. La clase se había dividido en dos grupos, uno de los habitantes de Tilví y otro de Pombú, y todos se enfrentaban a un problema. En cada grupo disponían de una cantidad de agua por habitante, muy escasa en Pombú y abundante en Tilví, y las cantidades de agua necesarias para beber y cocinar, lavar la ropa, ducharse, lavarse las manos, la cara y los dientes, etc.
Los alumnos, mediante este sencillo, juego se daban cuenta de que existen muchas personas que tienen que tomar decisiones que para nosotros son tan lejanas como elegir entre lavarse los dientes y fregar los platos, o entre lavar la ropa y tomar una ducha.

Dejamos los colegios sintiéndonos orgullosos del trabajo de los compañeros y también de los alumnos, sabiendo que la educación puede cambiar el mundo y que, para algunos niños y niñas como los de GSD École Internationale au Cameroun o los campos de refugiados, supone un mejor futuro para ellos y para su país. Y, a la vez, convencidos de que esa visión global que tienen nuestros alumnos, y que mencionaba Marta Santos, es el camino hacia una sociedad mejor.

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