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Dislexia: detectar pronto las dificultades y enseñar a leer con ciencia puede cambiar el aprendizaje

Con motivo del Día de la Dislexia, que se conmemora el 8 de octubre en pleno mes dedicado a su concienciación, GSD Educación pone el foco en una cuestión que preocupa a muchas familias: qué ocurre cuando aprender a leer cuesta más de lo esperado, cómo puede afectar esa dificultad a la confianza y la motivación de un niño y, sobre todo, qué pueden hacer familias y escuela para ayudarle.

Madrid. 8 de octubre de 2026. Aprender a leer no resulta igual de sencillo para todos los niños. La dislexia es una dificultad específica del aprendizaje que hace especialmente complejo adquirir y automatizar algunas habilidades relacionadas con la lectura y la escritura. Puede manifestarse de distintas formas y con diferente intensidad, por ejemplo, mediante dificultades para reconocer palabras con precisión o fluidez, descodificarlas o escribirlas correctamente. Algo muy importante para desterrar viejos prejuicios es que no tiene que ver con una menor inteligencia ni con falta de esfuerzo. La definición científica actual señala que estas dificultades pueden presentarse con distinta intensidad y que la inteligencia general guarda poca relación con su naturaleza o con la respuesta a la intervención. 

Cada 8 de octubre, el Día de la Dislexia recuerda la importancia de visibilizar estas dificultades y favorecer su detección precoz y los apoyos educativos. Octubre se ha convertido, además, en un mes internacionalmente dedicado a la concienciación sobre la dislexia. 

Pero detectar pronto no significa poner una etiqueta antes de tiempo. Significa advertir que algo está dificultando el aprendizaje y proporcionar ayuda antes de que el problema se consolide. La revisión de la definición de dislexia realizada en 2025 por la International Dyslexia Association insiste precisamente en la importancia de la identificación y el apoyo durante los primeros años y cuestiona la idea de esperar a que el niño fracase para intervenir. 

Cuando leer empieza a generar frustración

Porque la dificultad puede acabar trascendiendo a la propia lectura. Cuando un niño observa que necesita mucho más esfuerzo que sus compañeros, las experiencias repetidas de dificultad pueden generar frustración, afectar a la confianza en sus propias capacidades y terminar alejándolo de los libros. “Cuando pierdes la seguridad en que puedes hacer las cosas, eso merma la motivación y las ganas de seguir avanzando si no se interviene”, explica Gustavo Pita, director de Educación de GSD Cooperativa. “Cuando uno tiene éxito sigue y cuando uno tiene experiencias de fracaso repetidas abandona”, añade.

Ese rechazo puede tener consecuencias más amplias. Leer es progresivamente una vía de acceso al vocabulario, al conocimiento y a buena parte de los demás aprendizajes. La definición internacional actual de dislexia reconoce entre sus posibles consecuencias una menor experiencia lectora y dificultades de comprensión que pueden repercutir en el desarrollo del lenguaje, la adquisición de conocimientos, la expresión escrita y el rendimiento académico. No significa que todos los niños con dislexia vayan a experimentarlas, pero explica por qué actuar pronto importa. 

La ciencia sabe mucho sobre cómo aprendemos a leer

Existe, sin embargo, una paradoja. La investigación lleva décadas acumulando conocimiento sobre cómo aprendemos a leer y sobre las prácticas que pueden ayudar cuando aparecen dificultades, pero ese conocimiento no siempre ha llegado con la misma intensidad a la formación docente. “El conocimiento científico sobre cómo aprendemos a leer no ha llegado a la mayoría de los maestros a través de las facultades o de los canales por los que cabría esperar. Se ha quedado dentro de una burbuja científica”, señala Héctor Ruiz Martín, investigador especializado en psicología cognitiva del aprendizaje.

Acercar esa investigación al aula es precisamente el trabajo que ya está desarrollando GSD Educación con Enseñar a Leer con Ciencia. El proyecto, planteado para tres cursos y desarrollado junto a Ruiz Martín, trabaja especialmente en Infantil y primeros cursos de Primaria, cuando se construyen habilidades decisivas para pasar de aprender a leer a leer para aprender. 

“La manera de enseñar a leer importa. No vale todo”, resume Ruiz Martín.  “La ciencia tiene muchísimos conocimientos desde hace décadas sobre cómo se produce el proceso de lectura y cuáles son las estrategias de enseñanza más adecuadas para garantizar que ningún niño se quede atrás”.

En los diez Colegios GSD, ese conocimiento ya se está trasladando a la práctica. Más de 150 docentes de segundo ciclo de Infantil han participado en un análisis inicial de conocimientos y prácticas, los equipos educativos reciben formación específica y se están revisando métodos, actividades y materiales. Además, alumnado de primero y cuarto de Primaria realiza pruebas individuales para conocer el desarrollo de distintas habilidades lectoras y prelectoras, detectar necesidades y poder medir posteriormente la evolución. 

El trabajo cobra especial relevancia en un momento en el que la lectura vuelve a preocupar al sistema educativo. PISA 2025 sitúa el rendimiento lector de España significativamente por debajo de los promedios de la OCDE y de la Unión Europea y constata un descenso continuado que se ha intensificado en el último ciclo.  

Ayudarles a “sentirse lectores”

Las familias también pueden hacer mucho. Ruiz Martín recomienda leer a los niños desde pequeños, compartir con ellos historias y textos sobre temas que les interesen, conversar sobre lo leído, preguntarles por palabras y significados y, sobre todo, convertirse en modelos que disfrutan de la lectura.

También advierte contra la tentación de convertirla en una obligación. Cuando existen dificultades, pedir simplemente que un niño lea más puede no ser suficiente. Primero hay que comprender qué le está costando y ayudarle específicamente para que la lectura deje de convertirse en una experiencia frustrante.

El objetivo, explica Ruiz Martín, es que todos puedan disfrutar de sus beneficios y “sentirse lectores”. Que una dificultad inicial no termine definiendo la relación de un niño con los libros ni condicionando sus oportunidades de aprendizaje. Porque detectar antes permite ayudar antes y hacer posible el paso decisivo de aprender a leer a leer para aprender.

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